lun. Dic 17th, 2018

Los chiringuitos, ¿amigos (según los hosteleros) o enemigos (dicen los ecologistas) de las playas?

Cuando agosto ya se despide, son muchos los que ya en sus ciudades de residencia echarán de menos su chiringuito playero. El bar de la playa es para unos un espacio imprescindible; una extensión de la playa en lo urbano o de lo urbano en la playa. Para otros en cambio, son una amenaza para las propias playas.

La Federación Española de Empresarios de Playas (Fesempla) reivindica la labor de los chiringuitos a la hora de cuidar las costas, mientras que la organización Ecologistas en Acción cuestiona su papel y reclama que se habiliten más playas públicas tras la apertura del plazo para presentar candidaturas a los Premios ‘Chiringuitos Responsables’.

Los empresarios son los primeros interesados en que la playa esté en condicionesEl certamen, que celebra este año su tercera edición, está organizado en el marco del programa ‘Actuaciones de Conservación de la Costa’ llevado a cabo por la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que explica que su objetivo es promover la “actividad económica sostenible” entre estos establecimientos a pie de playa.

El presidente de Fesempla, Norberto del Castillo, defiende que estos establecimientos son una de las “señas de identidad” del turismo español y reivindica los “servicios” que prestan a los veraneantes y sin los que, en su opinión, las playas “se padecen más que se disfrutan”.

El empresario subraya el “gran atractivo” que suponen los valores medioambientales para el turismo español, con “exponentes” como Huelva o Galicia y asegura que los empresarios de playas son los “primeros interesados” en que las playas estén en perfectas condiciones y protegidas frente a la contaminación u otras amenazas como la pesca de arrastre.

“Hay una cosa muy clara: España es un destino de sol y playa y el 80% de turistas viene aquí por esa razón. El propio turismo va seleccionando lo que más gusta y, en ese sentido, las costas españolas son lo suficientemente amplias como para que quepan todos los modelos turísticos sin problema. Otra cosa es que después haya confrontación o se magnifiquen las cosas”, asegura.

Los premios del Ministerio son una tomadura de peloEn cambio, la portavoz de Ecologistas en Acción en Andalucía, Lola Yllescas, califica de “tomadura de pelo” los premios del Ministerio de Medio Ambiente y denuncia la “falta de transparencia” y las “irregularidades” que, según la organización, han surgido en litorales como el andaluz en torno a las concesiones que se otorgan a los chiringuitos.

En ese sentido, Yllescas pide que se apueste como en el pasado por chiringuitos desmontables, de menor tamaño y volumen, y reivindica que se profundice en los esfuerzos por deslindar para proteger el “importantísimo activo” de las “playas públicas y libres”, abiertas “a todos” y que no “son de nadie sino de todos”.

A juicio del presidente de la Fesempla, la actual Ley de Costas ha contribuido a admitir ciertas construcciones turísticas pero al no regularlas de forma efectiva, lo “deja todo” a una excepcionalidad “muy difícil de interpretar” para cada provincia. Por ello, reclama un marco común de “normas básicas” que, eso sí, tengan en cuenta las características específicas de cada playa.

Chiringuito La Carpa, en Matalascañas

Según la Fundación Biodiversidad, el año pasado los Premios Chiringuitos Responsables contaron con 83 aspirantes, entre los que fueron elegidos 9 ganadores en tres categorías. Es el caso del chiringuito La Carpa, en Matalascañas y a unos 200 metros del Parque Nacional de Doñana (Huelva), que se alzó con el primer premio en la categoría ‘Iniciativas desarrolladas’.

Lo logró gracias a la introducción de medidas como el uso de arquitectura bioclimática, el alumbrado LED autorregulado en función del momento del día, un servicio de información sobre el valor ecológico del litoral o la recogida selectiva de residuos y aceites. Y todo ello pese a que el chiringuito fue denunciado en 2012 por el Seprona de la Guardia Civil por un supuesto delito contra la ordenación del territorio en una zona de dominio público marítimo terrestre.

Su propietario, José Miguel Espina Bejarano, asegura que La Carpa constituye un ejemplo de que chiringuitos y sostenibilidad “son compatibles”. El empresario pide a los ecologistas que “sean objetivos” con la problemática de los chiringuitos y sepan “mirar más allá” del diseño exterior de los establecimientos y ver “pequeños detalles” como el ahorro energético, el reciclaje del agua y aceite o, por ejemplo, la compra de lavavajillas a base de butano, “más caro pero también más ecológico” que el eléctrico.

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